El hombre de la “doble personalidad” mira indiferente al mundo que lo rodea. Observa y calla. Poco le importa el “que dirán”. Se aleja de las polémicas mientras juega, se divierte y divierte.
El hombre atrevido y valiente dentro del rectángulo de juego no se condice con el tímido, casi apático que camina por el mundo derrochando una sutileza privilegiada, esa que sólo poseen los elegidos.