Cuando el destino no quiere…
…la lucha es absurda. Cuando la mano viene cambiada, enderezar el rumbo se transforma en una aventura casi imposible.
No era el año del Barcelona. Ni en la Champions League ni en la Liga Española. Así lo sentenció el Chelsea. Así lo sentenció el Real Madrid.
Barcelona rompió todos los pronósticos. Perdida la posibilidad de alcanzar el Tetracampeonato local la apuesta se enfocaba hacia el Bi continental, en una Semifinal que se anticipaba como “accesible”. Y hasta en eso falló.
No pudo en Londres, de donde regresó con un 0-1 injusto para quienes levantan la bandera del “jogo bonito” y con todas las de la ley para los “resultadistas” y/o “efectivistas”.
No pudo en el Camp Nou donde siguió buscando sin encontrar respuestas adecuadas a su constante asedio. Chocó reiteradamente contra el muro que le interpuso el rival. Tuvo muchas a favor, pero esta vez el destino tenía guardado bajo el brazo un final poco feliz.
Ni Xavi, ni Iniesta, ni el propio Messi lograron descifrar con la efectividad que suelen mostrar el intrincado planteo del Chelsea. Esta vez el Trío de Oro cayó rendido ante una táctica ultradefensiva, que llegó a mostrar a sus once jugadores (que fueron diez durante más de cincuenta minutos en el Camp Nou) en su propio terreno olvidando por completo el área rival.
Chelsea es un legítimo finalista. ¿Quién puede reclamar lo contrario? Salvo la tonta e infantil expulsión de John Terry, fue fiel a un estilo conservador que se limitó a destruir la idea del rival. Jugó a no dejar jugar y así y todo el resultado global lo favoreció, una táctica que pocas veces resulta positiva, pero que esta vez encontró el guiño cómplice del destino. Después de todo, el Chelsea llegó con absoluta claridad en tres ocasiones en los 180 minutos de juego y marcó tres goles. Una efectividad poco común, sobre todo si se trata de un equipo que rehusó a atacar y le cedió el protagonismo total al rival.
Un párrafo aparte para Lionel Messi. El astro argentino sigue sin poder marcarle al Chelsea. Otro capricho de este destino implacable. Tuvo cuatro situaciones clarísimas en el partido de vuelta: un remate de derecha que pegó en la parte externa del arco y otra que le sacó con el pie el extraordinario arquero que es Petr Cech tras una brillante pared con Cesc Fabregas en el primer tiempo, y el penal que reventó el travesaño y un disparo rasante que dio en el poste izquierdo del mismo Cech cuando el partido expiraba.
A pesar de esto la opinión generalizada sostiene que Messi no está pasando por su mejor momento. ¿Dirían lo mismo si alguna pelota hubiese acabado en el fondo del arco inglés?
Es comprensible que al mejor se le exija más que al resto. Pero también es muy cierto que Messi es humano, a pesar de que muchos lo consideren un extraterrestre…

