30
Nov
2010

El partido perfecto

e.biscayart /
Las grandes diferencias que existen entre el Real Madrid, Barcelona y el resto de los equipos de la Liga le deban un carácter de suma importancia al Clásico de Camp Nou del 29 de Noviembre. Real Madrid llegaba como líder a la Ciudad Condal, y venía arrasando de la mano de José Mourinho. Invicto en toda competencia, el técnico portugués que había desembarcado en España al cabo del ganar el trébol con el Inter, y de eliminar al Barça en semifinales de la Champions League pasada, se presentaba como el conductor de un Real Madrid que parecía sin fallas. Por lo tanto, la prueba para Pep Guardiola tenía aura de desafío mayor. Guardiola, un DT que recién está en su tercera campaña en primera, aunque muchas veces no lo parezca, sufrió intensamente el trabajo psicológico de Mou en aquella semifinal de Champions, e inteligente como es, sabía que no podía caer en la misma trampa. ¿Qué hizo? Que el Barça, su gente, sus jugadores, y él mismo, trataran a Mourinho como un DT más que llega a Camp Nou. Sin hostilidades, y sin convertirlo en el foco del partido. Sin “dedicatorias previas”, Mourinho pasó inadvertido hasta… que la gente se acordó de él; cuando el encuentro ya se había cerrado. Las cosas no empezaron bien para el Madrid. La pérdida de Gonzalo Higuaín, uno de los 2 jugadores merengues (junto a Ramos) que habían marcado en Clásicos, supuso un duro golpe para el ataque Blanco. Sin tener los números goleadores de Cristiano Ronaldo en esta temporada, el peso del Pipa en los movimientos ofensivos del Madrid es muy grande. Imposible justificar el resultado del partido en sus ausencia, pero queda claro, ante su falta, que el Madrid no fue el mismo en ataque sin su “9” titular. Para iniciar el comentario del partido, me quiero remitir al Clásico del 2 de Mayo de 2009. Aquel Madrid de Juande Ramos llegaba a ese partido con una racha impresionante de 18 victorias consecutivas en Liga (casi una vuelta del campeonato). Juande venía utilizando una táctica de achique en el fondo, y mucha presión en el medio. Guardiola le respondió con un triángulo, por entonces inédito. Colocó a Messi como enganche, libre, cerca de Iniesta y Xavi, y desplazó a Samuel Eto’o del centro hacia los costados. Con esa variante “del triángulo” logró el histórico 6-2 del Bernabéu un su segundo Clásico como DT. En este caso, Pep sabía que Mourinho iba a optar por una presión similar a la de Juande, y no por el “método del autobús” con el cual se defendió con el Inter en las semifinales de Champions. En 2009 el Madrid no pudo encontrar el juego entrelíneas del Barça. Aquí no lo pudo encontrar en ningún sector del terreno. Ante la presión del rival, el Barça respondió con la circulación, y regates. Con esa fórmula tan simple como antigua, obviamente ejecutada por intérpretes excelsos como los del azulgrana – justamente aquellos mismos tres ejes (Xavi, Iniesta, Messi) del 2 de Mayo de 2009 – el FC Barcelona plasmó un partido perfecto, y el Madrid uno nefasto. ¿Será que no hay otro modo de jugarle al Barça, más que admitir que es tan superior al resto, y que por ende el único modo de pararlo es con el poco elegante “método del autobús”? La pregunta queda ahí. A estas horas, creo que Mou se la debe estar haciendo a sí mismo. El Barça hizo el partido perfecto, porque no cometió errores en toda la noche. Anuló al Madrid en todas sus fases de juego, y luego lo destrozó con el balón, manteniendo un elevadísimo nivel de posesión y de efectividad en los pases. Los números, más allá del 5-0, no mienten: 13 remates (9 a puerta) contra 7 (3); 731 pases (636 correctos; 87% de efectividad) contra 385 (279; 72%); 49 regates (21 bien; 42% de efectividad) contra 29 (9 bien; 31%). Los números de la figura de la cancha, Xavier Hernández Creuss, a quien simplemente se lo conoce como Xavi, también fueron expresivos y contundentes. En una actuación digna del Balón de Oro de FIFA, el “Cerebro de Terrassa” repartió 119 pases, de los sólo 5 no fueron a parar a los pies de un compañero. Xavi fue perfecto. Dio un partido para enmarcar dentro de la categoría de obra de arte, porque lo tuvo todo: precisión en los pases; claridad para conducir al equipo; capacidad para moverse en espacios que el rival dejaba libres; y encima de todo, gol, y nada menos que el 1-0, su tercero en los Clásicos. Queda claro que Guardiola “outplayed” (como dicen en los deportes americanos; superó en castellano) a Mourinho en el duelo de los entrenadores. Y en el otro clásico que el clásico presentaba, Messi fue nuevamente más que Cristiano Ronaldo. Guardiola colocó a la Pulga lejos del área, y Messi supo entender que su rol era ese, el de una onceava parte del equipo, y no la más importante del mismo. Ahí estuvo la primera diferencia. Cristiano, por mérito del Barça, y por errores de diseño de Mourinho, casi siempre quedó solo, aislado, como jugando un partido aparte, y ahí también perdió por goleada. Los números más importantes de los cracks: Remates: Messi: 3 (1 a puerta), CR7: 3 (1); Pases: Messi 59 (52 bien; 88% de efectividad), CR7 31 (20 bien; 64%); Regates: Messi 16 (9 bien; 56% de efectividad), CR7 8 (4 bien; 50%). Y si bien ninguno de los dos marcó marcó, Messi demostró su valía más allá de la gloria individual con 2 asistencias a gol,  los pases del tercero y cuarto, concretados por David Villa, que tuvo un debut soñado en el Clásico. A veces el fútbol entrega estas sorpresas. Nadie esperaba un 5-0, pero queda claro que el resultado es un fiel reflejo de lo que ocurrió en la cancha. Johan Cruyff había dicho que el 8-0 ante Almería no había sido un accidente, y no se equivocó. Mourinho se ha vuelto a Madrid con un resultado histórico para su carrera como DT. Nunca había sufrido más de 3 goles en un partido, y en la noche de su primer Clásico le anotaron 5. Cuando la gente se acordó de él, con la goleada consumada, fue para pedirle que saliera del banquillo: “Sal del banquillo, Mourinho, sal del banquillo”, fue el canto tribunero, burlándose de aquella carrera de celebración del portugués en la semi de Champions. Pero Mou no hizo caso, ni cayó en el juego, y vio todo el segundo tiempo en la caseta, sin respuestas, ni indicaciones, casi como su equipo. “No han sido los 45 minutos (los segundos) peores de mi carrera. Intenté ayudar a mi equipo con el ingreso de Lass en el intervalo, pero cuando meten el 3-0, el partido está terminado. Quería que el equipo no perdiera su equilibrio ni su dignidad, y por eso reforcé la media con Lass. En estas situaciones te sientes impotente para cambiar lo que no puedes cambiar. Salgo desilusionado porque esperaba mucho más”, confesó Mourinho en sala de prensa. “El 5-0 no refleja la diferencia. La diferencia la demostrarán los puntos al final de la temporada”, remataba Mou. Pero queda la sensación del que el 5-0 es muy fuerte, y que de no ser Mourinho el DT del Madrid, las nubes sobre su cabeza serían muy negras. Con el 2-6 Juande Ramos quedó sentenciado, y con un 0-1 y un 0-2, Pellegrini vio la calle del despido en la temporada pasada. El 5-0 es el resultado de una batalla importante en esta Liga, pero no es la sentencia de la Liga en sí. Mourinho tiene razón, y aún falta mucho. Sin embargo, en la noche del cumpleaños 111 del FC Barcelona, la goleada reflejó la diferencia entre un equipo que fue perfecto, y otro que se quedó sin respuestas en el momento más inoportuno.