20
Feb
2012

Idolatría intacta

d.pessolano /

Recuerden lo que voy a escribir a continuación y ustedes leerán. En cuanto esté en condiciones y vuelva a actuar, Carlos Tévez reflotará el enamoramiento de los hinchas del Manchester City. Lo hará porque le sobra fútbol, porque tiene carisma para repartir a granel, porque posee un ángel especial que lo eleva a la condición de ´jugador del pueblo´.

Sus idas y vueltas con Roberto Mancini tienen que quedar en el pasado. Hubiera sido ideal que Tévez entendiera, desde un principio, la forma de actuar de su entrenador en la actualidad. Mancini –lo dijo Nicolás Burdisso pocos días atrás en una entrevista- puede insultarse con uno de sus dirigidos pero al mejor estilo de Michael Corleone sabe que ´It´s not personal, just business´ (no es personal, solo parte del negocio). Muere ahí, en el terreno o en el vestidor.

El ´Apache´ defendió su postura hasta último momento en tierras argentinas donde pasó la mayor cantidad de tiempo desde aquel mes de septiembre de 2011 en el que un capricho, que viajó de la mano del mal asesoramiento, lo mantuvo alejado de lo que más ama, jugar a la pelota.

Seguramente no olvidará que los hinchas quemaron camisetas con su número ni que un buen puñado de fanáticos del City desea no verlo nunca más por aquellas latitudes. El fútbol lo puede todo. Tévez también. Es dueño de un aura único que lo elevó a la nube impensada de apropiarse del corazón de todo Manchester. Es que en el United lo adoraron y en la vereda de enfrente igual. Las pancartas que rezaban ‘Una vez diablo rojo, azul por siempre’ no eran mentira, no las inventé en mi mente.

El fútbol necesita de desprolijos –término que no va codo a codo con irrespetuosos o no profesionales- como Tévez, de esos que salen del molde, que tienen rebeldía y obediencia en proporciones similares. Un orgullo que no puede amedrentarse con ninguna penitencia o multa. ¿Creen que una reacción de Mancini lograría amilanar al tipo que creció en Fuerte Apache? Allí había que tenerlos bien puestos para ir a trabar, para ganar un balón. Allí debían sortear cuanto obstáculo aparecía a diario, e ingeniárselas, por ejemplo, para esquivar una balacera y para pensar en desayunar, almorzar y cenar.

Por más que muchos no lo compartan Tévez es ídolo y la idolatría es eterna. Hubo un desliz, un paso en falso, erróneo. Igualmente quienes guarden la camisa con el número 32 en la espalda, custodiado por el apellido Tévez, ténganla al alcance porque están próximos a ver la resurrección de Carlitos y entonces las palmas de vuestras manos quedarán rojas por aplaudirlo y sus gargantas afónicas por alentarlo.

Saludos para todos.

Twitter: @diegopessolano

Comentarios

cubija / Mié, 2012-02-29 09:16

Y de la idolatria de Cavani que me decis. Los tanos hasta tienen una pizza con su nombre