27
Jun
2011

A mis amigos de River Plate...

o.fuentes /
Decía días anteriores en esta misma columna/blog que de concretarse el descenso de River Plate, algo que era factible por el momento futbolístico del equipo y el desconcierto que se vivía (y vive) de puertas adentro en el club más ganador a nivel local del fútbol argentino, sería saludable por el bien del fútbol. Eso me valió muchos reproches de amigos riverplatenses, especialmente por decir que sería mejor perder la categoría con hidalguía (como hoy sabemos que la ha perdido River) y no salvarse del descenso con la inmensa inmoralidad de comprar un resultado. Algunos (no todos) hinchas de River me decían que eran capaces de cualquier cosa para lograr la permanencia, para frenar el descenso y hasta el soborno les era una válvula de escape aceptada, alguno llegó a decirme… “si total con comprar al árbitro asistente nos alcanza”. Sí, hasta ese punto llega el hincha (sea de River o cualquier equipo) por evitar la humillación del descenso, lo cual quiere decir que erróneamente en la Argentina nos hemos criado pensando que el fútbol es cosa de vida o muerte y que, la honestidad de nada sirve. Fatal. Atróz. Inaceptable. Dejo de lado, porque hoy no viene al caso, profundizar sobre los arreglos de resultados de partidos entre “equipos supuestamente amigos de ocasión” para perjudicar a un tercero. Algo en lo cual también River Plate, algunos años atrás estuvo involucrado, siendo ya campeón, facilitándole la permanencia a su rival de turno, Atlético Rafaela. Empates cantados de vivillos. Y algo que el mismo River Plate había sufrido años antes en una Copa Libertadores de parte de su archirrival, Boca Juniors. Todo aquello que huele a manipulación y que no es nada más que corrupción e interpretado por algunos como la “picardía del fútbol… porque el fútbol es así”, es parte de una cultura futbolera que es simplemente DETESTABLE. Y lamentablemente, al común del futbolero argentino, se le ha hecho costumbre. El sistema de descensos, en su esencia, es la corrupción hecha legal para salvar a los más grandes y poderosos apañados por la AFA. Se había inventado en 1961 y tras dos temporadas dejó de usarse, por eso, tras el descenso de San Lorenzo de Almagro se volvió a poner en práctica en 1981. River quedó anteúltimo en 1983 pero lo salvó el mal promedio de Racing que por un mal 1982, tuvo menor porcentaje. De allí para acá, ninguno de los cinco grandes había descendido hasta este Domingo. El sistema escabrozo había dado sus frutos porque en casi tres décadas, solo tres “grandes” descendieron. Más protección no se podía pedir. El otro eslabón es la Promoción, para que tres malos años no sean determinantes para descender. Darle todo a favor al equipo de Primera A es un despropósito, por eso ni los de Belgrano de Córdoba creían que el ascenso era posible. Pero la desesperación pudo más que la necesidad riverplatense. Esa es la historia de un fútbol en decadencia como el argentino, y por suerte, River Plate (que desperdició todas las ventajas que le dió el sistema) no apeló a la “picardía criolla de comprar su permanencia”, es más, fue perjudicado en más de una ocasion en este Torneo Clausura y eso, para mí es hidalguía y grandeza. La grandeza que jamás se debió haber perdido en el fútbol argentino con la cultura del “todo vale”. River volverá y este fracaso con aroma a muerte deportiva quedará superado. La frente alta y volver a empezar, no queda otro camino… Gracias. Hasta la próxima. Omar Fuentes. Twitter: golfuentes