16
Jul
2008
Volver a soñar es volver a vivir...
Cuando hay esperanza se vuelve a soñar y a vivir al mismo tiempo. Esa es la realidad de Ronaldinho. De este Ronaldinho que se reencontró con su lado más feliz, el de poder sonreír de forma espontanea. Con esa marca registrada que lo pinta de cuerpo entero, haciendo gala de esa boca extra large de dientes desparejos y labios inconfundibles.
La venta de su ficha al Milan es para él, una aureola de esperanza, una invitación a soñar como lo hizo hace veinte años atrás cuando despuntaba con sus patitas flacas en los barrios de Porto Alegre, en el corazón de Río Grande Do Sul. Una invitación a volver a vivir tras los golpes de los últimos tiempos. Alguna vez dijo que el fútbol le dio la vida, pero también debemos ser genuinos y agradecidos, reconociendo que él, le dio vida al fútbol cada vez que enfiló hacia el arco rival. Y no lo estoy comparando con ningún otro futbolista. Me alcanza con saber que ha sido uno de los grandes y que hoy tiene la oportunidad de renacer. De dejar, como lo hizo al saber de su traspaso al A.C. Milán, toda la amargura de lado y regalarnos esa sonrisa incofundible de sus mejores tardes.
Por eso Dinho está feliz y no lo puede negar. Su rostro lo traiciona y delata porque sabe que necesita una nueva oportunidad para que nadie ponga en duda, que ha sido uno de los mejores exponentes del fútbol de la última década. Imposible decir, al menos para mí que ha sido el mejor, pero que es dueño de un lugar en el podio de los 3 mejores no me caben dudas.
Dinho está feliz y los que amamos el fútbol, también lo estamos. Seguramente porque guardamos la esperanza de que vuelva a ser el que fue, aunque no sea en toda su dimensión. Un jugador de fútbol con gran inspiración. Un futbolista que regaló alegría para los ojos y los corazones futboleros más allá de las camisetas que se calzó.
Poco me importa lo que pagó el Milan por su ficha, como poco mi importa si el Barcelona ganó o perdió plata con su venta o, si Pepp guardiola le bajó el pulgar o no. Eso me da lo mismo. Pero yo, y quizá como alguno de ustedes, estamos deseosos que Dinho pueda encontrar su lugar nuevamente, con la impronta que le conocimos. Con los destellos de su clase innata, esa que no se enseña en las escuelitas de fútbol. Esas que como un dibujo indeleble van marcando el camino de los grandes.
Por eso permítame la osadía de subirme al carro de la esperanza, de la ilusión, de volver a soñar con esa clase de jugador puro del Ronaldinho que había comenzado a desdibujarse. Que por diferentes motivos había perdido las ganas de sonreír. Y por sobre todas las cosas, que pueda volver a ser el que fue dentro de un campo de juego, un tipo feliz de haber nacido talentoso y dispuesto a compartirlo con aquellos que no sólo buscan la victoria. No será fácil, pero ojalá lo pueda lograr... Por ahora... Volver a soñar es volver a vivir. Y Dinho lo sabe.

