31
May
2011

Un pequeño gesto, una gran lección.

j.rowinsky /
Diecisiete minutos después del golazo de Villa (exactamente a los cuarenta y dos), cuando ya no había dudas que Barcelona se coronaría por cuarta vez campeón de campeones de Europa, Guardiola le ordena a Puyol, lesionado y a punto de ser operado, que entre al campo de juego. Sale Dani Alves e ingresa quien mejor representa a este equipo. Para los que no estaban atentos, les recuerdo que Xavi, capitán hasta ese momento le da el brazalete. No es habitual, no recuerdo muchos actos como este en todos los años que soporto sobre mi espaldas disfrutando o sufriendo este juego. En verdad no recuerdo ninguno pero sí sé que quien carga la cinta en su brazo es sin lugar a dudas el jugador con mayor respeto entre sus pares. No creo que haya sido necesario que Guardiola le indicara a Xavi que le diera el brazalete por los escasos seis minutos que quedaban de partido. El genial armador azulgrana sabía lo que tenía que hacer y cumplió con el protocolo y con su conciencia. El mensaje es indiscutible, Carles Puyol es el líder. La razón por la que el técnico decide el cambio (pone a un jugador lesionado en el campo de juego con todo el riesgo que esto implica), era clara, al final del partido él será el responsable de levantar la copa y dejará grabada para la historia a través de los medios la hazaña del Club, pero ante los ojos del mundo entero, Puyol le pasa la cinta de capitán a Abidal y será éste en definitiva quién quedará en las primeras imágenes de ese momento. Fue un gesto enorme, reconozco mi emoción, un instante para el recuerdo, todo un ejemplo de hermandad que se viste de azulgrana. Abidal viene de superar un momento traumático de su vida, un tumor maligno en su hígado le fue extirpado hace escasos cinco meses. A pesar de la tremenda carga que puede significar esto para cualquier ser humano, el francés parece haberse recuperado y la mejor prueba es su presencia como titular en la final. No es más que Messi el pequeño gran genio, o Xavi artífice de los pase perfectos, hilo conductor del mejor Club de Europa, o  Iniesta el presente en  los momentos claves, o Valdés gigante día a día hoy por hoy uno de los mejores porteros del mundo, o Macherano devenido a zaguero luego de ser el mediocampista de contención de todos los equipos que jugó, incluso la selección argentina, ejemplo de fidelidad a la causa, o Busquets un jugador excepcional dueño del medio campo juegue contra quien juegue, o Dani Alves un puntero que marca y se lanza al ataque desde la línea final de su defensa, o el canario Pedro infatigable luchador, tocado por la gloria a pesar que recién se está formando, o Piqué que es mucho más que el ser querido de Shakira y que pese a su juventud es un baluarte de la zaga de su equipo, o ese Villa que se había peleado con el gol pero dice presente y que  gritó con lágrimas ofrendando su orgullo a un once que lo respeta y apoya. Eric Abidal, insisto, no es ni más ni menos que los nombrados pero de lo que no  hay dudas  es que es  un norte para todos, por eso sin muchas palabras o consultas, el lateral izquierdo se transformó en el símbolo al que sus compañeros dieron valor. Barcelona no es solo la sumatoria de grandes jugadores, por encima de la genialidad de un juego de equipo único que plasma lo mejor en el campo está este valor individual, el de ser capaz de vencer dificultades a veces insuperables y decir  presente en el momento cumbre.